Dicen algunos, que a cierta edad, después de los cuarenta, nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina, y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que sólo cabe el ímpetu de los años jóvenes.

A mi edad, seguramente hace rato me hice invisible para el mundo.
Pero nunca como hoy fui tan consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento como ahora.

Hoy me reconozco una mujer, capaz de amar con la sinceridad del corazón. Sé que puedo dar sin esperar nada, pero también se que no tengo que hacer nada, ni dar nada, que no me haga sentir bien. He descubierto al ser humano que sencillamente soy, con mis aciertos y mis errores.

Cuando me miro al espejo, ya no busco a la que fui en el pasado,… sonrío a la que soy hoy, me alegro del camino andado, y agradezco a Dios el habérmelo permitido.

Ahora se, que no soy la princesa del cuento de hadas, aunque tengo mi príncipe azul, ese para quien sigo siendo su reina, el que me extiende su mano cariñosa y amorosamente se inclina para darme un abrazo. El que me ofrece su hombro para apoyar mi cansancio o para desahogar mis alegrías y también mis derrotas. El que sigue enamorado de las rosas rojas y me las brinda con amor. El que me sorprende con la sutileza de un beso o con un simple “TE QUIERO”.
Es ese hombre, con quien he compartido los mejores años de mi vida.

¡Que bien! Me siento hoy y cuanta alegría experimento cuando contemplo a mis hijos viéndolos como se han hecho grandes. Hoy puedo mirarlos con los ojos del alma, entrar en sus corazones y compartir con ellos el encanto de su juventud. Hoy puedo decirles que los amo más y mejor, con esta serenidad que traen los años. Que me hace muy feliz la ternura que hay en sus ojos cuando me miran y cada detalle que conmigo tienen. Por eso Hijos: Estas manos que hoy ven, ya curtidas y arrugadas, que han perdido belleza y lozanía, siguen siendo Fuertes para estrecharlos en mi abrazo maternal y amoroso, fuertes para apoyarlos y firmes para señalarles el derrotero, cuando sus decisiones sean equivocadas.

Que lindo también es ser abuela, es una razón para alargar la vida, es repasar caricias ya lejanas, es encontrar un nuevo sentido a la existencia,

Hoy, vivo la vida así como es, bonita, con sus ires y venires, con sus encantos y desencantos, con sus ratos de marea baja, con sus puestas de sol, con su ruido incesante y su ritmo ligero. Hoy Sólo quiero dejarla correr. No quiero pedirle nada más, solo quiero agradecerla.

¡Qué bien es no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras las metas, en pos de alcanzar un sueño.

Hoy sé que la vida es bella……. Porque la he visto partir ya muchas veces en los seres queridos que nos han dejado.
Por todo esto,… Hoy me doy cuenta que no soy una mujer invisible. Me he encontrado con Dios en mi camino, El me ha invitado a viajar en su barca, por el mar de mi vida. El es quien calma la borrasca de de mis tempestades, la borrasca de mis miedos y fracasos, la borrasca de mis conflictos y tensiones. El ha abierto un sitio en mi corazón. Gracias a su bondad hoy puedo compartir con ustedes que son mi familia, esta fecha trascendental de mi existencia.

Cumplir 60 años es un privilegio, mi madre no lo tuvo. El Señor quiso celebrarlos con ella. Hoy cuando evoco su presencia y la de mi padre, de mis labios solo brotan plegarias. Que el señor los tenga en su gloria.

Se que mañana también yo tendré que partir. Solo Dios sabe si podre seguir sumándole días o años a esta cuenta, pero ya no le temo a ese viaje, porque ya me concedió lo que con el corazón le pedí; ver crecer a mis hijos y cuando ese día llegue, me iré con la satisfacción del deber cumplido, con el alma limpia y el corazón alegre. Con la sonrisa abierta, por tantos amaneceres que a través de estos años he contemplado y en cuya belleza me he extasiado. Por esta familia tan maravillosa, con la cual he compartido los momentos duros y también los felices. Juntos batallamos y unidos pudimos derrotar la tristeza del pasado, construyendo un presente libre de odios y rencores. Hoy, unidos en un abrazo fraterno, podemos cantarle; gracias a la vida que nos ha dado tanto.

A toda mi familia, mis amigos, compañeros de luchas y labores, que hoy han querido celebrar y compartir conmigo: Mil gracias y un abrazo sincero.

Nidia